lunes, 29 de agosto de 2016

EL MUERTO

Mención de Honor en el Concurso Internacional
Instituto Cultural Latinoamericano.                       
                               

Un muro irrompible de fresas y vinos
yace lívido en su triste morada,
en el ocaso de sus sueños extinguidos,
en el albergue de la derrota más lacerante.

¡Cuánto deseó que este temible momento
no lo presenciaran jamás sus ojos!
Pero ha de hacerle frente con su vida,
condenado a una soledad errante,
aislado en el más triste infortunio.

Quizás se conforme con el recuerdo
de un placer que generoso trajo el viento.
Quizás se decida a luchar por la bondad
como la imagen más bella del universo.
Quizás ponga fin a su letanía
con un leve sorbo del veneno asesino
de la muerte que el futuro le ofrece sonriente
a modo de esperanza. En cualquiera de los casos,
muerto está y, entretanto, las chillonas risas
de los cuerdos pululan en sus oídos
atormentados, como una sangrienta procesión
de mil penetrantes cuchillos afilados.

Sin embargo, el Camino, la Verdad y la Vida
se aparece ante él, sin mostrarle su rostro divino,
le atrae hacia sí con rectísimo ademán
y le solicita su corazón apesadumbrado y abatido
y le señala el centro de su alma doliente
y le dona lo que ha ansiado vehementemente
desde que era un niño: un gozo imperecedero
en lo más profundo de su ser instalado,
a modo de don inmerecido e inesperado.

Alberto Ibarrola Oyón


                     



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