sábado, 24 de octubre de 2015

ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS




Si mi corazón está sano, es gracias a Ti, Señor. Gracias a Ti, Señor, que vas a juzgar a todos los seres humanos. Soy yo también hecho a tu imagen y semejanza. Nos amas con un amor infinita y eternamente puro. Nuestra Santa Madre, María Inmaculada, la madre de Jesucristo Nuestro Señor, me justifica. Tú, Señor, me otorgas una gran dignidad. Ella le dice a mi corazón que no soy tan malo como yo creía serlo. Sé, Señor, que estamos sujetos a cualquier eventualidad. ¡Que se cumpla la voluntad de Dios Padre! Tú, Señor, me das la mayor de las esperanzas, la de creer que podré resucitar en un Cielo verdadero. También me otorgas una gran felicidad en la Tierra. Haber conocido tu palabra es una gran responsabilidad. Solamente deseo que tu Gracia recaiga sobre mi corazón y que tu Espíritu Santo esté siempre conmigo. No temo ser ingenuo porque creer es lo más importante. Nuestra Madre me pide orden y templanza, que calme y tranquilice los deseos que son como un ídolo. Yo no tengo la suficiente sabiduría como para haber entendido su santo mensaje desde hace mucho tiempo atrás porque he escuchado cantos de sirena y el ardor ha estado instalado en mi humana voluntad. Sin embargo, ahora sé que Ella es Nuestra Madre Buena y Santa. Me conduce a amar todavía más a la madre que me dio a luz porque ahora entiendo mejor sus virtudes. ¡Gloria a la Blanca Palomica Divina! Confío en Ti, Señor, porque eres la luz, la alegría y el amor. Tu mandato es que luchemos contra el mal haciendo el bien. Escribo para alabarte y para ayudar a los seres humanos, para transmitir convertidos en palabras humanas los mensajes que he aprendido de Tu Divina Palabra. Es de justicia que comunique con los demás lo que la vida y la Fe me han enseñado. La vida eres Tú, Señor Jesucristo. Eres mucho más que un profeta. Eres el Hijo de Dios. Nos prometes una vida eterna, un reino de los cielos y nos mandas que no temamos a nada ni a nadie, sino que solamente a Dios Todopoderoso. Has vencido a la muerte. El Evangelio es la palabra más bella y encierra la salvación para la humanidad. Ha habido héroes de tu santa palabra a lo largo de la Historia. Ha habido profetas. Santos y santas. El Hálito de Tu Bondad me acompañará siempre. Toma mi corazón y permite que sea tu siervo. Elevar el corazón hacia Ti es la sensación más agradable. Estar contigo y aceptar la amistad que nos ofreces es suficiente y bastante. Venero a la Virgen de la Santísima Soledad. Es la compañía más bella. ¡Gloria a la Blanca Palomica Divina! Gloria a Ella y a su Espíritu. Gloria por siempre. Soy hermano de los demás seres humanos gracias a Ti, Señor. Gracias Señor. Solamente quiero ser pacífico y que gracias a la paz que nos otorgas pueda ser llamado hijo tuyo. Acepto tu mandato porque solo quieres nuestro bien. Gracias, Señor Jesucristo, porque eres la salvación. La Fe en Cristo es la salvación. No neguemos la gloria de Cristo. Cuando muramos, resucitaremos a otra vida. Gracias, Señor. No valoras el cumplimiento de preceptos humanos, sino que hagamos tu santa voluntad. El alimento más necesario es el de la Comunión. Es el alimento del alma. Tú, Señor, alabas que no seamos egoístas. Rechazas los ídolos. Muchas gracias, Señor Dios, por haber perdonado nuestros pecados. Alabado seas por siempre, Señor. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

martes, 27 de enero de 2015

LA LUZ DE TU PALABRA

Nos has dado la luz de tu palabra
y un rubí que monta sobre un engarce,
tan florido y elevado como un arce,
puesto en el corazón para que se abra.

Es la humildad esta piedra preciosa.
Como una higuera rebosante de higos,
leales como los mejores amigos,
es tu santa palabra luminosa.

Hacia Ti elévase el alma sanada.
Tu palabra la salud proporciona.
Hallamos en tu luz nueva morada.

Buscamos con anhelo tu mirada
y hallamos que un éter divino acciona
nuestra nueva vida recuperada.






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DAR EL CORAZÓN

Tengo por una muy grande verdad
que el mayor de los placeres es dar;
es algo muy cierto que la humildad
es la Fe en Dios Supremo validar.

Un alma pura procura casar
su corazón con Fe en la de Dios gracia.
En el buen amor se ocupa en pensar
y, así, su maldita ansiedad se sacia.

Al Señor el corazón se lo damos,
Quien para sanarnos lo solicita,
y ya nunca tendremos otros amos.

Por este don, los versos que cantamos,
que hasta el que es más inculto los recita,
en la Fe en el Señor los entregamos.









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